¿Sabias que la queja es un hábito común en las personas amargadas y pesimistas? Siempre se deleitan buscando de qué quejarse para tener un tema de conversación generalmente negativa que no conduce a nada.
La gente sabe que quejarse no cambia las situaciones, ni tampoco mejora las cosas, sin embargo eso no los detiene y siguen con la costumbre de quejarse y quejarse.
El quejoso llega hasta negativizar lo positivo, cuando estan frente a algo de buena onda siempre agregan: “si, pero…”
La queja, no resuelve nada, porque es inoperante, no aporta soluciones, es el recurso de los amargados que no se atreven a cambiar lo que no les agrada, ni aceptar lo que no pueden cambiar ni a las personas como son. Los chismes y las críticas también son quejas sobre los defectos que tienen los demás.
Quejarse es concentrar la atención en lo malo, lo que no se desea. Cuando alguien se queja, lo que hace es reeforzar lo malo.
Muchos filósofos, profetas y sabios ya sabían esto hace siglos y lo transmitieron en sus doctrinas.
Lo malo es que la gente no se da cuenta cuándo está siendo quejoso ni cuándo está pensando en lo negativo, para poder revertir esa actitud por otra diferente.
Todos nos quejamos sin darnos cuenta, hasta la persona más positiva del mundo se queja sin ser plenamente conciente. Se trata de no emitir juicios, hablando menos, porque la palabra es un instrumento que puede dañar más que un cuchillo.
Una primera medida para convertirse en alguien que no se queja es evitar a las personas quejosas, criticonas y chismosas. Empecemos todos hoy a no quejarnos de absolutamente nada, ni del calor, ni de la inflación, ni de la crisis, ni de los dolores nuestros de cada día que se suelen agravar con cada queja.
Prueben a no quejarse nunca más de sus dolores y desaparecerán por completo. Cambiar no es fácil, es muy difícil, y eliminar de nuestras vidas las quejas es aún más difícil.
Recuerda: No estas solo. El Señor esta contigo como un Poderoso Gigante para ayudarte a superar esta fea costumbre de la queja continua. Atrévete a obedecer a Dios y a su Palabra. Por pluma de Pablo, ella dice: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” ~ Filipenses 4:11
Realmente es triste ser un quejoso. Es inútil estar descontento con los malestares ó discapacidades físicas porque hay que seguir adelante de todas maneras y la gente no quiere estar con personas que siempre se están quejando de sus desgracias.
La queja es contagiosa y predispone a los demás a quejarse; tiende a expandirse como reguero de pólvora, se enquista en todo campo propicio y se convierte en una forma de ser general quejosa.
Entonces, ¡adelante! Deja la queja y conviertete en un ser agradecido.
Pastora Mirta Colloca